Síndrome genitourinario de la menopausia (SGM)
¿Qué es?
¿Por qué ocurre?
¿A cuántas mujeres afecta?
Tratamiento (plan personalizado)

¿Qué es?
El SGM agrupa los cambios que aparecen en vulva, vagina y aparato urinario por la disminución de estrógenos en la peri y posmenopausia. Sustituye al antiguo término “atrofia vulvovaginal” e incorpora también los síntomas urinarios (uretra/vejiga).
¿Por qué ocurre?
Los estrógenos mantienen el colágeno y la elasticidad del epitelio vaginal/vulvar, los mucopolisacáridos (incluido el ácido hialurónico), y favorecen el flujo sanguíneo. Al descender, la mucosa se vuelve seca, fina y poco elástica; el canal vaginal puede estrecharse y la piel vulvar adelgazarse. También se afectan uretra y suelo pélvico. El hipoestrogenismo aparece en menopausia, tras tratamientos oncológicos, anexectomía (extirpación quirúrgica de los ovarios), o por otras causas; tabaco, inactividad sexual y otros factores pueden agravar el cuadro.
Es muy frecuente y sigue infradiagnosticado: se estima que afecta a entre 50–70 % de mujeres posmenopáusicas, con síntomas como sequedad (≈80 %) y dolor en las relaciones sexuales (≈25 %), entre otros.
- Sequedad, escozor, quemazón, dolor en las relaciones sexuales.
- Urgencia, aumento de la frecuencia miccional, incontinencia o disuria.
- A la exploración gonecológica se puede observar la pérdida de pliegues, la disminución de secreción, palidez y friabilidad de la mucosa; en algunos casos fusión parcial de labios menores.
Es clínico, la historia clínica y la exploración ginecológica suelen bastar. No suele requerirse confirmación anatomopatológica.
Tratamiento (plan personalizado)
El abordaje se pauta tras valoración médica, combinando medidas higiénico-dietéticas, tópicos y terapias regenerativas cuando está indicado.
Mantener un peso adecuado, una vida activa, dejar de fumar y mantener la actividad sexual (en pareja o con dispositivos), ya que mantienen la troficidad del tejido. Lubricantes base acuosa e hidratantes (ricos en ácido hialurónico) como tratamiento tópico.
- Láser vaginal CO₂: el calor controlado estimula los fibroblastos, aumenta el colágeno/elastina y favorece la angiogénesis; mejora hidratación y la función de la mucosa. Suele pautarse un ciclo de 3 sesiones separadas 5–6 semanas.
- Hidratación vulvo-vaginal con ácido hialurónico: microinfiltraciones para rehidratar y mejorar elasticidad (útil también en cicatrices).
- PRP (plasma rico en plaquetas): bioestimulación autóloga que favorece cicatrización y confort en atrofia intensa o tras tratamientos oncológicos.
Estas terapias son ambulatorias, con incorporación rápida; el número de sesiones y mantenimientos se ajusta a síntomas y objetivos.
- Más lubricación y menor dolor en relaciones.
- Elasticidad y grosor mucoso mejorados.
- Reducción de irritación e infecciones asociadas a la atrofia.
- Apoyo en incontinencia leve y síntomas urinarios funcionales. Resultados variables según el caso y la técnica utilizada.